domingo, 6 de julio de 2008

Un grito del espacio.

Tal vez el cèlebre navegante no haya sido ni tan cèlebre ni tan navegante, aunque al fin de las cosas sea como cada uno de nosotros en su fin- tirándose al frio de las olas porque sin saberlo, en la oscuridad de los mares irresueltos (no olvidemos que allì abajo nadad es seguro para nosotros aquì arriba), sabe que por gracia y obra del destino busca un tesoro que no ha sido puesto en su pèrfida lista de posibilidades a realizar; pero que lo sabe y que por eso mismo se lanza a la soledad de las rocas de hielo y de sus no tan amigables acopañantes para ir a decirle a ese bicho de otros mundos que asì como èl habita en esas latitudes, su ser no va a dejar de girar su proa a la innefable marea de horizontes perdidos para ganar con ello una nueva tirada de ronda , al menos para los que queden despuès de su caìda.
Amigos del cuerpo, suelten el arpòn y monten la bestia blanca con todas las posibilidades de sus fuerzas que si eso es de veras autèntico, ella no se va a dejar domesticar nunca... no van a perder su sueño de altitudes y latitudes. La voz de la tormenta calma las olas y abre las horas y los dias de todo esto que no es màs que un grito de mil colores.




1 comentario:

Juan Xiet dijo...

amén!
textos de antología seguro. Saludos adán!